Leonor Taveras apuesta por reorganizar la experiencia académica

 

La candidata a dirigir el recinto de la UASD en San Juan, propone eliminar choques de horarios y ampliar la oferta de carreras.

Por Carlitos Jiménez

A las 4:47 de la tarde, el cielo parecía debatirse en dos voluntades. Hacia el Oeste del municipio de San Juan, una claridad serena prometía una entrevista sin sobresaltos; al Este, en cambio, un campo nuboso avanzaba con determinación, como si también quisiera formar parte de la conversación. Y lo hizo. Primero en forma de llovizna tenue, luego en un aguacero insistente que obligó a desplazar la conversación entre los espacios del recinto, ajustando el ritmo, pero no el propósito.

Allí, en el recinto de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en San Juan, la profesora Leonor Taveras llegaba desde Barahona, tras otra jornada de campaña. No había en su disposición señales de prisa ni cansancio, sino más bien una continuidad: la de quien entiende la aspiración no como un punto de llegada, sino como una extensión natural de su trayectoria.

Taveras aspira a dirigir el recinto, pero su discurso se aleja de la consigna y se acerca a la gestión concreta. Habla, por ejemplo, de algo que, en su sencillez, revela una comprensión profunda de la experiencia estudiantil: la posibilidad de cursar todas las asignaturas sin fragmentaciones.

“Es fundamental garantizar que todas las secciones de las diferentes carreras estén disponibles en nuestro recinto. También evitar los choques de horarios, porque eso es elemental para que los estudiantes puedan terminar su carrera en el tiempo programado”, afirma, sin énfasis grandilocuente, como quien describe una deuda pendiente más que una promesa electoral.

En su lectura del presente, identifica con claridad el peso de las carreras STEAM —ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas— no solo como tendencia, sino como necesidad estructural. Considera que su promoción y diversificación no deben responder únicamente a la demanda del mercado laboral, sino a una visión más amplia de pertinencia académica en un contexto cambiante.



Pero es en la idea de vínculo donde su propuesta adquiere matices más definidos. Ante la pregunta sobre cómo mantenerse conectada con los estudiantes, su respuesta no se limita a mecanismos formales, sino que apunta a una cultura institucional:

“Tenemos que promover el liderazgo estudiantil, crear canales de comunicación más efectivos y concientizarnos cada día más sobre el estudiante, sobre lo que realmente es: nuestra razón de ser. Eso implica mejorar la calidad del servicio en todos los niveles”.

En ese planteamiento, la palabra “cliente” aparece, pero no desplaza el sentido formativo de la universidad; más bien lo tensiona, sugiriendo una gestión que busca equilibrar eficiencia administrativa con compromiso académico.

Cuando se le pide diferenciarse de otras gestiones —pasadas y aspirantes—, Taveras no recurre a la ruptura, sino a la insistencia en ciertos principios:

“Una gestión basada en la escucha, en el trabajo en equipo, participativa, enfocada en nuestros clientes internos y externos: profesores, empleados y estudiantes”.

Más que una declaración programática, suena a síntesis de una práctica que dice haber construido a lo largo de los años. Su recorrido dentro del recinto —desde estudiante de grado y posgrado hasta integrante del cuerpo docente y de instancias administrativas— aparece no como un inventario de méritos, sino como un proceso de acumulación de perspectivas.


Al cierre, se le propone un ejercicio de síntesis: responder en una sola frase por qué docentes y estudiantes deberían confiar en su gestión. Sonríe. No reduce.

“En una sola frase no, en varias”, advierte, antes de enumerar, casi como quien recorre su propia historia: su paso por el recinto, su experiencia profesoral, su participación en la Asociación de Profesores, su gestión en el área académica y en la subdirección administrativa. Y entonces, sí, condensa el sentido:

“Porque promovemos la institucionalidad y porque amamos lo que hacemos”.

Quizás, bajo la lluvia que terminó imponiéndose aquella tarde, la escena terminó por parecerse a su propia aspiración: una gestión que, aun en contextos cambiantes, mantiene el rumbo, se adapta con criterio y encuentra en cada circunstancia una oportunidad para sostener su propósito.


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